Una conversación con la Lic. María Rosa López


En el marco de las jornadas de capacitación organizadas por el Gabinete de Capacitación y Actualización de Enfermería de la Unidad Asistencial Dr. César Milstein, conversamos con la Lic. María Rosa López, enfermera, docente universitaria, Directora Académica y referente en liderazgo, gestión y comunicación en salud. Con una amplia trayectoria dedicada a la formación de profesionales y al fortalecimiento de la enfermería como disciplina científica, comparte su visión sobre los desafíos actuales de la profesión, la importancia del liderazgo humanizado y el compromiso de formar enfermeros capaces de transformar el sistema de salud desde el cuidado.

¿Quién es María Rosa López fuera del ámbito profesional? ¿Cómo se definiría en pocas palabras?
Soy una persona profundamente comprometida con las personas. Disfruto de mi familia, de los momentos sencillos y de aprender constantemente. Me defino como una mujer perseverante, apasionada por la educación, convencida de que siempre podemos crecer y ayudar a otros a descubrir su mejor versión.
Casada hace 38 años con Javier. 2 hijas Maria Sol y Maria Eugenia.

¿Qué la llevó a elegir la enfermería como profesión y qué recuerdos guarda de sus primeros años de ejercicio?
Elegí la enfermería porque comprendí muy temprano que cuidar es uno de los actos más nobles que existen. Mis primeros años estuvieron marcados por el aprendizaje permanente, el trabajo en equipo y el contacto humano con pacientes y familias. Fueron años de mucho esfuerzo, pero también de enormes satisfacciones que reafirmaron mi vocación.
Allá lejos y hace tiempo había muchos cursos por correspondencia y a los 12 año me pedi uno para ver y evaluar. Tenía alguien que me decía tenes que estudiar Medicina te pago todo en La Plata y tenemos los libros de la carrera de Luis y yo le decía NO NO quiero ser enfermera.
Eternamente agradecida al Hospital Britanico de Bs As y a la Universidad Nacional de Rosario que me formo con valores, principios y una pasión que me dejo mi profesora MG Cecilia Rossi.

¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que le dejó su carrera?
Sin dudas, comprender que la enfermería trasciende las técnicas y los procedimientos. A lo largo de mi trayectoria aprendí que el verdadero cuidado comienza cuando somos capaces de mirar a la persona en toda su dimensión: física, emocional, social y espiritual. Cada paciente tiene una historia, una familia, miedos, expectativas y necesidades que requieren ser escuchadas y respetadas.
También aprendí que nunca dejamos de aprender. La enfermería es una profesión dinámica, en permanente evolución científica y tecnológica, y eso nos obliga a capacitarnos continuamente. Sin embargo, el conocimiento solo adquiere verdadero valor cuando está acompañado por la sensibilidad, la ética y el compromiso humano.
Otro gran aprendizaje fue descubrir el poder del trabajo en equipo. Ningún profesional puede transformar la realidad solo. Los mejores resultados se alcanzan cuando existe respeto mutuo, comunicación efectiva y un objetivo común centrado en el bienestar del paciente.
Finalmente, entendí que formar nuevos profesionales es una de las mayores responsabilidades que tenemos. Cada estudiante al que acompañamos representa una oportunidad para multiplicar buenas prácticas, valores y liderazgo. Esa es una forma de trascender y dejar un legado para las futuras generaciones de enfermeros.

¿Por qué considera que el liderazgo ya no es una opción sino una competencia indispensable para el profesional de enfermería?
Porque la realidad sanitaria actual exige profesionales capaces no solo de brindar cuidados de excelencia, sino también de gestionar equipos, coordinar procesos, resolver problemas complejos y participar activamente en la toma de decisiones.
Durante muchos años se pensó que liderar era una función reservada únicamente para quienes ocupaban cargos jerárquicos. Hoy sabemos que el liderazgo comienza desde el primer día de ejercicio profesional. Cada enfermero lidera cuando toma decisiones responsables, propone mejoras, acompaña a un colega, promueve la seguridad del paciente o inspira confianza en una familia.
Además, vivimos en un contexto de profundas transformaciones: envejecimiento poblacional, enfermedades crónicas, avances tecnológicos, inteligencia artificial, nuevos modelos de atención y una creciente necesidad de cuidados humanizados. Frente a estos desafíos, la enfermería necesita profesionales capaces de anticiparse a los cambios, impulsar la innovación y participar en el diseño de políticas públicas de salud.
El liderazgo también implica asumir un compromiso con el desarrollo de la profesión. Significa investigar, generar evidencia científica, ocupar espacios de gestión, participar en organizaciones profesionales y defender el valor estratégico de la enfermería dentro del sistema sanitario.
Creo firmemente que el futuro de nuestra profesión dependerá de enfermeros que no esperen que otros produzcan los cambios, sino que decidan convertirse ellos mismos en agentes de transformación.

En su opinión, ¿qué diferencia a un jefe de un verdadero líder?
Existe una diferencia profunda. Un jefe dirige personas; un líder desarrolla personas.
El jefe suele apoyarse en la autoridad que le otorga el cargo. Organiza, controla y supervisa el cumplimiento de tareas. Esa función es necesaria para el funcionamiento de cualquier organización, pero por sí sola no alcanza para movilizar equipos comprometidos.
En cambio, un verdadero líder genera confianza, inspira, escucha y acompaña. No busca que las personas trabajen por obligación, sino porque encuentran sentido en lo que hacen. Comparte una visión, promueve el crecimiento profesional de cada integrante del equipo y crea espacios donde todos pueden aportar ideas sin temor.
El líder comprende que su principal responsabilidad no es demostrar cuánto sabe, sino ayudar a que otros desarrollen su potencial. Celebra los logros colectivos, reconoce el esfuerzo, brinda retroalimentación constructiva y está presente especialmente en los momentos difíciles.
En enfermería, liderar también significa predicar con el ejemplo. No podemos hablar de respeto si no respetamos, de comunicación si no escuchamos o de humanización si no tratamos con dignidad tanto a los pacientes como a nuestros propios colegas.
Siempre digo que los equipos no recuerdan tanto las órdenes que recibieron, sino cómo los hizo sentir quien los condujo. Ese es el verdadero liderazgo: dejar una huella positiva en las personas y construir equipos capaces de ofrecer un cuidado seguro, humano y de excelencia

¿Cómo influye la comunicación en la seguridad del paciente y en el clima laboral?
La comunicación es una de las herramientas más poderosas y, al mismo tiempo, una de las más subestimadas dentro de los sistemas de salud. Muchas situaciones que comprometen la seguridad del paciente no se originan por falta de conocimientos técnicos, sino por fallas en la transmisión de la información. Una indicación incompleta, una mala interpretación durante el pase de guardia o la ausencia de escucha activa pueden generar errores evitables con consecuencias importantes.
Cuando la comunicación es clara, estructurada y respetuosa, se fortalece la continuidad de los cuidados, disminuyen los riesgos y aumenta la confianza entre los integrantes del equipo. Cada profesional comprende mejor su rol y puede actuar con mayor seguridad y eficacia.
Pero la comunicación no solo impacta en el paciente; también determina el clima laboral. Equipos que dialogan con respeto, que escuchan distintas opiniones y que brindan retroalimentación constructiva suelen ser equipos más cohesionados, con menor nivel de conflictos y mayor compromiso. Por el contrario, la falta de comunicación genera frustración, desgaste emocional y deterioro de las relaciones interpersonales.
La seguridad del paciente y el bienestar de los equipos están profundamente conectados. Cuidar cómo nos comunicamos también es una forma de cuidar.

¿Qué errores observa con mayor frecuencia en la comunicación dentro de los equipos de salud?
Uno de los errores más frecuentes es asumir que el otro entendió el mensaje sin verificarlo. Muchas veces creemos que comunicar es solamente hablar, cuando en realidad comunicar implica asegurarnos de que la información fue comprendida correctamente.
También observo dificultades relacionadas con la escucha activa. En ocasiones estamos más preocupados por responder que por escuchar verdaderamente al otro. Esto puede provocar malentendidos, conflictos y decisiones basadas en información incompleta.
Otro error común es la comunicación fragmentada entre los distintos integrantes del equipo interdisciplinario. Cuando cada profesional trabaja de manera aislada, se pierde información valiosa que puede afectar la calidad del cuidado.
A ello se suman las barreras emocionales: el estrés, el cansancio, la sobrecarga laboral o los estilos de liderazgo autoritarios pueden dificultar el diálogo y hacer que las personas tengan miedo de expresar dudas o advertir sobre posibles errores.
Necesitamos construir culturas organizacionales donde preguntar, expresar inquietudes y comunicar riesgos no sea visto como una debilidad, sino como una responsabilidad profesional orientada a la seguridad del paciente.

¿Qué consejo le daría a un enfermero que hoy siente que perdió la motivación?
Le diría que recuerde por qué eligió esta profesión. Todos atravesamos momentos difíciles, pero cada paciente que cuidamos representa una oportunidad para marcar una diferencia en su vida. También es importante buscar nuevos desafíos, capacitarse y rodearse de personas que inspiren crecimiento. La vocación puede renovarse cuando volvemos a conectar con nuestro propósito.
Le diría que es válido sentirse cansado o desanimado. La enfermería es una profesión de enorme exigencia emocional y física, y reconocer nuestras emociones también es un acto de cuidado hacia nosotros mismos.
Sin embargo, también le recordaría que detrás de cada jornada difícil existe una historia de vida que pudo ser acompañada gracias a su trabajo. Muchas veces no somos plenamente conscientes del impacto que tenemos en las personas y las familias que cuidamos.
Cuando la motivación disminuye, puede ser útil volver a conectarse con el propósito que nos llevó a elegir esta profesión. Recordar nuestros valores, buscar nuevos desafíos, capacitarnos, compartir experiencias con colegas o participar en proyectos que nos inspiren puede ayudarnos a recuperar el sentido de nuestra labor.
También debemos comprender que cuidar a otros requiere aprender a cuidarnos a nosotros mismos. El autocuidado, el equilibrio emocional y el apoyo entre colegas son fundamentales para sostener una carrera profesional saludable.
La vocación no siempre se mantiene intacta; a veces necesita ser reencontrada. Y muchas veces ese reencuentro ocurre cuando descubrimos nuevamente el valor transformador que tiene nuestro cuidado.

¿Qué cualidades cree que tendrá que desarrollar la enfermería de los próximos diez años?
La enfermería deberá fortalecer el pensamiento crítico, el liderazgo, la gestión, la innovación, la alfabetización digital, la investigación y la capacidad para trabajar en equipos interdisciplinarios. Sin perder nunca aquello que la distingue: la humanización del cuidado.
La enfermería del futuro necesitará profesionales con una sólida formación científica, pero también con competencias que les permitan responder a escenarios cada vez más complejos y cambiantes.
Será indispensable fortalecer el pensamiento crítico para analizar situaciones clínicas, tomar decisiones basadas en evidencia y adaptarse a los constantes avances del conocimiento. La investigación también ocupará un lugar central, porque las decisiones de cuidado deben sustentarse cada vez más en evidencia científica de calidad.
Asimismo, el liderazgo y la gestión serán competencias esenciales. La enfermería necesita participar activamente en los espacios donde se diseñan políticas sanitarias, se organizan los servicios y se toman decisiones estratégicas.
La innovación y la alfabetización digital también serán fundamentales. La incorporación de nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y la telemedicina transformarán la manera en que brindamos cuidados, y los profesionales deberán estar preparados para integrar estas herramientas sin perder la esencia humana de la profesión.
Sin embargo, considero que la competencia más importante seguirá siendo la humanización. En un mundo cada vez más tecnológico, la capacidad de escuchar, acompañar, comprender y respetar la dignidad de las personas será aquello que continúe distinguiendo a la enfermería.

¿Qué papel cumplen la empatía y la inteligencia emocional en el cuidado de las personas mayores?
Son competencias esenciales. Las personas mayores necesitan profesionales capaces de comprender sus emociones, respetar su historia de vida y acompañarlas con sensibilidad. La inteligencia emocional también protege al propio profesional, porque permite gestionar el estrés y brindar cuidados más seguros y humanizados.
La empatía y la inteligencia emocional son pilares fundamentales en el cuidado de las personas mayores. Envejecer implica atravesar múltiples cambios físicos, emocionales y sociales que pueden generar incertidumbre, miedo o sentimientos de vulnerabilidad.
La empatía nos permite comprender la experiencia del otro desde el respeto, sin juzgar y reconociendo su historia de vida, sus valores y sus necesidades. Cada persona mayor posee una trayectoria única que merece ser escuchada y considerada al momento de planificar los cuidados.
Por su parte, la inteligencia emocional ayuda al profesional a reconocer y gestionar sus propias emociones para poder responder de manera adecuada ante situaciones complejas. Trabajar con personas mayores muchas veces implica acompañar procesos de pérdida, dependencia, fragilidad o final de vida, y ello requiere una gran fortaleza emocional.
Cuando combinamos conocimientos científicos con empatía e inteligencia emocional, logramos brindar cuidados más humanizados, favorecemos la autonomía, fortalecemos la confianza y contribuimos a preservar la dignidad de las personas mayores.
Cuidar a una persona mayor no significa solamente atender una enfermedad; significa acompañar una historia de vida con respeto, sensibilidad y profundo compromiso humano.

¿Qué significó para usted compartir esta capacitación con el equipo de enfermería de la Unidad Asistencial Dr. César Milstein?
Fue un verdadero honor. Encontré un equipo comprometido con el aprendizaje y con la mejora continua. Espacios como estos demuestran que la capacitación permanente no solo fortalece las competencias profesionales, sino que también renueva el sentido de pertenencia y el orgullo de ser enfermeros.
Gracias al gabinete de capacitación y actualización de enfermería. Lic Elizabeth Melin y Lic Lorena Landeira por permitirme compartir mi experiencia en la gestión.
Fue una experiencia profundamente enriquecedora, tanto en lo profesional como en lo personal. Cada vez que tengo la oportunidad de compartir un espacio de capacitación con colegas de enfermería siento que también aprendo de ellos. La formación no es un proceso unidireccional; es un intercambio de experiencias, conocimientos y miradas que nos permiten crecer mutuamente.
En esta jornada encontré un equipo con un gran compromiso hacia el aprendizaje, con interés por cuestionarse, actualizarse y buscar nuevas herramientas para mejorar el cuidado de las personas. Eso demuestra que existe una verdadera cultura de mejora continua, algo indispensable en una profesión tan dinámica como la nuestra.
Además, el Hospital Dr. César Milstein tiene una trayectoria muy importante en la atención sanitaria y en la formación de recursos humanos. Ser invitada por su Gabinete de Capacitación y Actualización de Enfermería representa para mí un reconocimiento que valoro profundamente y que asumo con enorme responsabilidad.
Mi propósito durante la capacitación no fue solamente transmitir conceptos sobre liderazgo y comunicación. Quise invitar a cada profesional a reflexionar sobre el enorme impacto que tiene su trabajo cotidiano, sobre el poder que poseen para transformar la realidad de los pacientes, de sus equipos y de las instituciones donde se desempeñan.
Creo que la educación tiene la capacidad de cambiar organizaciones cuando logra cambiar primero la manera de pensar de las personas. Si al finalizar la jornada algún participante regresó a su servicio con una nueva mirada, con una pregunta diferente o con el deseo de liderar pequeños cambios, entonces siento que el objetivo estuvo cumplido.
También me llevo el afecto, el respeto y la calidez con la que fui recibida. Esos gestos fortalecen los vínculos entre instituciones y nos recuerdan que crecer como profesión solo es posible cuando compartimos conocimientos y construimos redes de colaboración.

Si pudiera dejar un solo mensaje a todos los enfermeros del país, ¿cuál sería?
Nunca subestimen el valor de su profesión. La enfermería transforma vidas todos los días. Capacitarse, investigar, liderar y trabajar con humanidad son caminos para fortalecer nuestra disciplina y darle el lugar que merece dentro del sistema de salud. El futuro de la enfermería depende de profesionales que crean en su potencial y se animen a ser protagonistas del cambio.
Les diría que nunca dejen de creer en el enorme valor de la enfermería. Somos una profesión esencial para el funcionamiento de cualquier sistema de salud y, sin embargo, muchas veces no somos plenamente conscientes de la influencia que tenemos en la vida de las personas.
Cada cuidado que brindamos, cada palabra de aliento, cada decisión clínica, cada gesto de empatía y cada acción orientada a la seguridad del paciente deja una huella que trasciende el momento de la atención. La enfermería no solo acompaña procesos de enfermedad; acompaña proyectos de vida, sostiene familias y contribuye a construir una sociedad más saludable y más humana.
Los invitaría a asumir un compromiso permanente con la formación, porque el conocimiento nos da herramientas para ofrecer mejores cuidados, pero también nos permite ocupar los espacios de liderazgo que la profesión necesita. La enfermería debe estar presente donde se toman decisiones, donde se diseñan políticas públicas, donde se generan investigaciones y donde se construye el futuro de la salud.
También les pediría que nunca pierdan la capacidad de trabajar unidos. Los grandes avances de nuestra profesión no serán el resultado de esfuerzos individuales, sino del compromiso colectivo de miles de enfermeros que comparten una misma misión. Debemos fortalecer nuestras organizaciones profesionales, apoyarnos entre colegas y defender con orgullo el aporte científico, técnico y humano de la enfermería.
Y, por último, les recordaría que el liderazgo comienza con cada uno de nosotros. No hace falta esperar un cargo para marcar una diferencia. Se lidera cuando actuamos con ética, cuando inspiramos a otros, cuando enseñamos, cuando investigamos, cuando innovamos y cuando elegimos hacer bien nuestro trabajo cada día.
Mi mensaje es que no dejemos de soñar con una enfermería cada vez más visible, más reconocida, más preparada y más protagonista. El futuro de nuestra profesión depende de nosotros. Tenemos el conocimiento, la vocación y la capacidad para transformar la realidad del cuidado. Ahora es el momento de asumir ese desafío con orgullo, compromiso y convicción.

Un libro que todo enfermero debería leer.
Notas sobre Enfermería, de Florence Nightingale.


Un referente que la inspire.
Florence Nightingale, por su visión transformadora del cuidado, y Virginia Henderson, por su aporte al desarrollo científico de la enfermería.


Una palabra que defina a la enfermería.
Humanización.


¿Café o mate?
Mate, porque representa el encuentro, la cercanía y el diálogo.


Un valor que nunca debe perder un líder.
La integridad.


¿Qué hace en su tiempo libre?

Disfruto de leer, escribir, diseñar nuevos proyectos educativos y compartir tiempo con mi familia y amigos.
Una frase que la acompañe en su vida profesional.
«El verdadero liderazgo no consiste en ocupar un lugar de poder, sino en inspirar a otros para que descubran el suyo.»